El caso de Elba Esther Gordillo no fue el único asunto mediático en que el abogado desafió en tribunales a la administración de Enrique Peña Nieto. 

 

En abril de 2017 se dio a conocer que el despacho de Marco Antonio Del Toro defendería al exgobernador de Veracruz Javier Duarte, acusado de dirigir una red de empresas fantasma involucradas en el desvío de 60,000 millones de pesos durante su gestión. 

 

El asunto generó tal presión mediática que, al año siguiente, el gobierno federal obligó a su defendido a cambiar de abogado, dice Del Toro. 

Marco Antonio Del Toro nació el 17 de junio de 1965, en San José, Costa Rica, cuando su madre -originaria del país centroamericano- se encontraba “por casualidad” en la ciudad. 

 

Vivió en la capital costarricense prácticamente toda su infancia y adolescencia. Ahí, recuerda, se desarrolló su interés por las ciencias sociales, las leyes y los juzgados.

 

A los 18 años se mudó a la Ciudad de México, donde vivía su padre, para iniciar la carrera de Derecho. Desde entonces, ya aspiraba a convertirse en abogado penal. Nunca se había planteado otra opción.

 

¿Si no hubiera sido abogado qué sería? Pues alomejor un hombre desorientado, porque no me imagino otra cosa que podría ser, dice. 

 

En 1984 ingresó a la Universidad Panamericana, donde conoció a Enrique Peña Nieto y a Juan Collado, quien se volvería otro prominente defensor de políticos y que actualmente se está vinculado a proceso por su presunta participación en operaciones con recursos de procedencia ilícita. 

 

Desde que era estudiante, a Marco Antonio del Toro le atraía el reto de defender la libertad de las personas. Ahora, 30 años después de recibirse como abogado, su responsabilidad se ha convertido en un motivo de gozo, que describe como “salir al recreo”. 

 

El primer caso “sobresaliente” en el que participó fue el de un fraude cometido a una casa de bolsa en México por alrededor de 50 millones de dólares en la década de 1990: Los demandantes dudaban si darle el caso por su edad, alrededor de los 25 años, pero la labia de Del Toro los convenció. 

 

Llegué con los empresarios y me vieron demasiado chiquillo y dijeron ‘hay que hablarle a alguien más’. Les expuse cuáles eran mis ideas con respecto al asunto y lo ganamos, relata.

 

Esa historia se suma a los éxitos del litigante en los tribunales: en toda su trayectoria, nunca ha perdido un juicio como defensor. 

Para Del Toro, “la justicia lo es todo”. Por ello, está convencido de que esta existe en su forma más plena, aunque sea prácticamente inalcanzable en México, debido a los problemas estructurales de acceso e impartición de Justicia. 

Su ideal de la justicia ha orillado a Del Toro a combatir frontalmente los sobornos y actos de corrupción, comenta. 

 

Por lo anterior, desde que fundó el despacho Del Toro Carazo, implementó castigos para evitar las prácticas ilícitas que puedan poner en duda la rectitud de sus abogados. 

 

No soy amigo de la corrupción, dice.

 

El abogado tampoco es ‘amigo’ de los cuestionamientos en su contra por tener entre sus clientes a políticos señalados de cometer fraudes millonarios como Elba Esther Gordillo, Javier Duarte y Napoleón Gómez Urrutia.

 

Esa historia se suma a los éxitos del litigante en los tribunales: en toda su trayectoria, nunca ha perdido un juicio como defensor. 

Quizás la clienta de mayor perfil de Marco Antonio del Toro en años recientes sea la exlideresa sindical Elba Esther Gordillo, a quien defiende desde 2013. 

 

El 26 de febrero de ese año, apenas dos meses después de que Enrique Peña Nieto llegara a la presidencia de México, la ahora extinta Procuraduría General de la República (PGR) detuvo a La Maestra Gordillo antes de abordar un avión privado en el aeropuerto de Toluca. 

 

Las autoridades acusaban a la entonces lideresa sindical por haber defraudado al SNTE con 2,600 millones de pesos, que habrían sido retirados a través de prestanombres y utilizados para comprar ropa y accesorios de lujo, pagar aviones privados, cirugías estéticas y mantener cuentas bancarias en Suiza.

 

Elba Esther Gordillo había ocupado el máximo cargo en la organización gremial del magisterio desde 1989. 

 

Tras cinco años de juicio, en los que la exdirigente sindical estuvo en prisión o recluida en hospitales debido a su mal estado de salud, la PGR fue incapaz de demostrar su culpabilidad. Del Toro, que luchó por el reconocimiento de su cliente como “presa política”, logró dejarla en libertad del 8 de agosto de 2018, cuando se declaró el sobreseimiento del caso, pese a los múltiples señalamientos que pesaban en su contra.

Los señalamientos públicos que pudieran haber no me corresponden a mí. Me corresponden los señalamientos jurídicos. y ninguno tenía fundamento. (Elba Esther) Es una mujer muy entrona. Algún día se van a saber muchas cosas que hizo muy positivas para este país. Algún día se van a saber y no me corresponde a mí decirlas, comenta.

 

Las tensiones entre Del Toro y la administración de Enrique Peña Nieto iban en aumento y tocaron su máximo punto en 2017, cuando el abogado decidió defender al exgobernador veracruzano Javier Duarte, acusado también por desvío de recursos.

El 17 de octubre de 2016, la PGR obtuvo una orden de aprehensión contra Javier Duarte de Ochoa, entonces gobernador con licencia de Veracruz, por su presunta participación en operaciones con recursos de procedencia ilícita y crimen organizado. 

 

Duarte estaba a menos de dos meses de concluir su encargo como gobernador, que obtuvo en 2010 bajo los colores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y enfrentaba una fuerte presión mediática derivada de un reportaje periodístico en el que se le acusaba de dirigir una red de empresas fantasma. 

 

Para el momento en que las autoridades intentaban cumplimentar la orden de arresto, Duarte había escapado en un transporte facilitado por su sucesor en el cargo, el gobernador interino Flavino Ríos.

 

El exgobernador y su esposa, Karime Macías, permanecieron prófugos de la Justicia durante medio año, hasta que en 2017 las autoridades mexicanas anunciaron su captura en Guatemala.  

 

En julio de 2019, la defensa de Javier Duarte – ahora liderada por Ricardo Sánchez Reyes Retana – publicó un video del exgobernador minutos antes de su arresto, en donde asegura que se entrega a las autoridades a condición del cese al hostigamiento de su familia. 

 

La grabación del material, que ahora forma parte de una nueva estrategia de defensa, inicialmente fue impulsado por Del Toro para blindar a su entonces cliente.

Marco Antonio Del Toro asegura que el exgobernador tiene más evidencias de presiones, que incluso orillaron a Duarte de Ochoa a cambiar de defensa. 

 

Yo lo hubiera defendido hasta el final, pero el gobierno en ese momento lo presionó para que yo ya no siguiera en su defensa y por eso tomé la decisión de salir. Tenía presiones muy significativas para que así fuera. Yo creo que hicimos lo correcto. Al habernos opuesto a cualquier tipo de negociaciones y presiones, dice.

A pesar de estar relacionado con algunos de los grandes casos judiciales en la vida pública de México, Del Toro prefiere mantenerse al margen de la política y evita hacer comentarios que revelen su postura frente a temas de interés nacional. 

 

En cambio, no tiene reparos en expresar lo feliz que lo hace la profesión que eligió hace más de tres décadas ni en aceptar que tiene adicción al trabajo 

 

Del Toro sabe que la abogacía está hecha de momentos y que sobre sus hombros pesa una gran responsabilidad cuando decide defender a un cliente. Conoce el estrés de los procesos y también la “enorme felicidad” de ganarlos.  

 

Por ello, cada día reafirma que el Derecho es su vocación y que sin él, estaría “perdido”.